dijous, 19 d’agost de 2010

Así sí que da gusto trabajar

La semana pasada regresé a Francia. Ya no me parece propio decir que viajé al país vecino sinó que regresé, porque desde que volví de Japón, ésta ha sido la 4ª vez que visité el Languedoc - Rossellón. Después de casi 30 días en varias salidas, ya puedo afirmar que conozco mejor esta pequeña región francesa que mi propia tierra, Catalunya. Esta vez viajamos en mi coche recién estrenado, 4 chicas catalanas y nuestros jefes. La primera mitad de la semana la pasamos entre Nimes, Narbona y Béziers, encuestando a los turistas en la salida de los principales recursos turísticos de la zona: el Coliseo de Nimes, las esclusas de Béziers o las Abadías de Valmagne y Fontfroide, entre otros. No todo es trabajo en esta vida y nosotros nos lo montamos muy bien. Después de la jornada laboral, bien merecemos una buena cena disfrutando de la gastronomia local. Nos acercamos a la costa y nos detuvimos en Cap d'Agde, una pequeña población portuaria donde degustamos ostras y otros mariscos, pescados y deliciosos postres franceses. En Castelnaudary, por ejemplo, no nos perdimos su especialidad local: la cassoulet. Una cazuela de judias con pollo, magret de pato y butifarra de cerdo acompañado de un buen vino du Languedoc. Así sí que da gusto trabajar.